Exclusión y disciplina social en la ciudad medieval europea

El Instituto de Estudios Riojanos acaba de publicar el libro La exclusión y la disciplina social en la ciudad medieval europea, que recoge las intervenciones de la XIV edición de los Encuentros Internacionales del Medievo de Nájera en 2017. La temática de la presente edición ofrece un gran atractivo, ya que nos acerca una explicación histórica a muchas de las situaciones de exclusión e inclusión social existentes en la actualidad y nos ayuda a ver las recetas que aplicaron las sociedades del pasado para solucionar los conflictos generados por la exclusión. La obra se estructura en dos bloques en los que se analizan las formas de la exclusión y el disciplinamiento social de la disidencia, en torno a los cuales giran los temas de los dieciséis autores que intervienen en la obra, procedentes de diversas universidades europeas y españolas.La exclusión de la comunidad urbana se realizaba por medio de: la separación de los amigos,la familia, el trabajo, las instituciones de gobierno urbano, la confiscación de las propiedades, la humillación pública, la expulsión del gremio, la proscripción y el exilio de la ciudad. Unas prácticas represivas ligadas a la política del miedo, que adoptaron muchas formas, desde la exclusión legal a la exclusión social. Ningún grupo social quedó al margen de las políticas de disciplinamiento social por medio de la exclusión. El control social de los gobernantes afectaba a cualquier persona que se ubicara fuera de los parámetros establecidos, ya fueran  disidentes políticos, extranjeros, herejes, minorías religiosas, pobres, vagabundos,enfermos, mujeres y homosexuales. Los excluidos pasaban a ser considerados delincuentes comunes, creando un mundo de la marginación urbana.

Sin embargo, según se explica en la obra también existió la inclusión social en las ciudades medievales. Uno de los principales grupos de excluidos lo componían los pobres, sobre los cuales decía el valenciano Juan Luis Vives (1492) que era responsabilidad de los poderes laicos, y no de eclesiásticos, el mantenimiento del orden público y la asistencia a los pobres. Muestra de la inclusión social eran los hospitales, las escuelas, las cofradías, la construcción de infraestructuras, las obras caritativas, las fiestas, las ceremonias públicas, la labor de las órdenes monásticas o dar trabajo al pobre.  Los individuos podían ser incluidos en unos grupos y excluidos de otros al mismo tiempo.